Los Demonios

Demonios, ¿de que lados estás? ¿de la oscuridad o de la luz?

Demonios, esa palabra que desde hace ya bastantes décadas a todos causa mucho temor. ¿Pero ese temor, a sido inculcado por quienes lo han querido así? Cuando nos hacemos la pregunta: ¿Que son los Demonios? rápidamente nos viene a la cabeza la imagen de un ángel caído, pero hay otras personas que los ven como: espíritus de gente desamparada; símbolos de nuestro lado oscuro, entidades malignas que nos atacan...y así u largo etcétera.

Al hacernos esta pregunta tan difícil de responder, cabe también la posibilidad de hacernos esa misma pregunta pero de diferente manera. Podemos preguntarnos que son los Demonios pero desde el punto de vista de la realidad de su creencia. Pero para empezar podemos explicar de donde viene  la palabra en sí: DEMONIO.

Procedencia de la palabra: Demonio

La palabra Demonio, proviene del griego antiguo (Daimōn) y su significado es de "espíritu" o "poder divino". La concepción de la palabra Daimōn aparece reflejada en las obras de Platón. Este término griego, no tiene connotaciones de maldad, de hecho Eudaimonia significa literalmente "felicidad". La palabra adquirió su termino de malvado en la  septuaginta  (o Bilbia de los 70 sabios) traducción al griego de la Biblia Hebrea ordenada por Ptolomeo II para la Biblioteca de Alejandría, pero basándose en la mitología de las antiguas religiones semíticas. Esta connotación fue heredada por el texto en koiné del Nuevo Testamento.

Ahora os vamos a mostrar las diferentes visiones de los demonios según las diferentes creencias:

Versión Cristiana Tradicional

El cristianismo heredó la demonología judía, pero no la concepción demonológica del “judaísmo clásico” sino concepciones muy difundidas en el judaísmo anterior. Por ello, la demonología cristiana será muy distinta de la del judaísmo; y, la demonología que tomará de aquel, concibe a los demonios como ángeles caídos, ángeles réprobos que desobedecieron a Dios y por eso se convirtieron en demonios.

La traducción de la Biblia al griego, que sería la versión más utilizada por los judíos de la diáspora, había traducido “Satán” como diábolos (de donde viene la palabra “diablo”), pero esta palabra tiene una connotación más negativa que “Satán” en hebreo, pues al sentido de adversario y acusador, le añadía un sentido de calumniador, falseador y mentiroso, ausente en el original hebreo. Junto a este giro, hubo otros como el de San Jerónimo, que en su Vulgata (su traducción de la Biblia) introdujo “Lucifer” como nombre propio en un pasaje del Libro de Isaías.

Como podemos ver, el papel del rol de cada criatura según su religión es muy importante. Pero en vez de ponernos a contar todos esos detalles, os daremos todas los puntos de vista principales que hoy en día prima en el Catolicismo y en la mayoría de sectores protestantes, excluyendo casos bien originales como Los Testigos de Jehová y Los Mormones… Esos puntos son los siguientes:


1) Satanás era el ángel más importante y el más cercano a Dios, pero su orgullo le hizo querer destronar a Dios, querer ser más grande que él, por lo que se rebeló junto con muchos otros ángeles que traicionaron a Dios y le siguieron. Consiguientemente, los demonios son ángeles caídos.

2) Los demonios son puro espíritu, no tienen forma definida, pero pueden manifestarse con casi cualquier apariencia.

3) Los demonios no pueden usurpar la libertad humana, no tienen dominio sobre el espíritu del hombre y su intelecto, solo pueden influir directamente en su cuerpo físico, e inducirle ideas y emociones, aunque nunca resoluciones morales o espirituales.

4) Los demonios están donde operan, su presencia se da por contacto operativo, están donde obran.

5) Los demonios tienen jerarquías, muy probablemente nueve, igual que los ángeles, situación que vendría dada porque fueron ángeles.

6) Los demonios no pueden arrepentirse, su voluntad quedó fija después de su caída, y es por esto que Dios no los perdona.

7) Los demonios son absolutamente malvados, se han identificado por completo con el mal.

8) Los demonios se odian entre sí, odian a Dios más que a nada, y sus vínculos de obediencia se dan principalmente por el miedo que los inferiores tienen a los superiores.

9) La finalidad de los demonios es separar al hombre de Dios, llevarlo a la muerte espiritual a través del pecado.

10) Los demonios tienen una inteligencia muy superior a la humana, que comprende las cosas de forma directa antes que por encadenamiento inferiencial.

11) Los demonios solo poseen a alguien cuando la persona, consciente o inconscientemente, les habré la puerta.

12) Los demonios tienen nombres, y el nombre de un demonio debe ser conocido para expulsarlo en un exorcismo.

13) Sus formas de influencia se pueden dividir en: infestación de lugares, objetos y animales; obsesión (pensamientos y deseos recurrentes inducidos por el demonio); opresión (el demonio atormenta a la persona sin llegar a poseerla); y posesión (el demonio toma control de la persona).


14) No tienen sexo, a pesar de que sus nombres son casi siempre masculinos y de que hay demonios femeninos como Lilith: esto se explica porque supuestamente su aparente masculinidad o feminidad no es sino un ropaje simbólico de su esencia espiritual particular, por decirlo de algún modo.

Finalmente, para que tengan una idea más viva de la concepción teológica de los demonios a partir de la concepción de Satanás, citaremos estas conocidísimas palabras que el papa Pablo VI dijo en 1972, preocupado por la creciente duda, dentro de la misma Iglesia, sobre la existencia en el Demonio; veamos: «El mal que existe en el mundo es el resultado de la intervención en nosotros y en nuestra sociedad de un agente oscuro y enemigo, el Demonio. El mal no es ya sólo una deficiencia, sino un ser vivo, espiritual, pervertido y pervertidor. Terrible realidad. Misteriosa y pavorosa. Se sale del marco de la enseñanza bíblica y eclesiástica todo aquel que rehusa reconocerla como existente; e igualmente se aparta quien la considera como un principio autónomo, algo que no tiene su origen en Dios como toda creatura; o bien quien la explica como una pseudorrealidad, como una personificación conceptual y fantástica de las causas desconocidas de nuestras desgracias».

Visión Maniqueísta

Esta doctrina determina que Dios, no fue el creador de la oscuridad, sino que el ser humano y el mundo ya estaban vinculados a la materia existente, separada anteriormente por la luz. Esto que a simple vista parece muy complicado, es básicamente que; la oscuridad y la luz, "el bien" y "el mal" se habían unido parcialmente la una a la otra, pero esto requería que el ser humano tendría que liberar las partículas de la luz de una forma correcta y adecuada para que el equilibrio se mantuviera.  



Después de saber todo esto, tenemos que saber que la visión Maniqueísta cree en la existencia de:

1. Dos naturalezas:

a) La luz que es el bien, Dios el espíritu y reino de la luz. Sus cinco elementos son inteligencia, pensamiento, reflexión, voluntad y razonamiento.

b) Las tinieblas, que son la oscuridad, el mal, la materia, concebida como fealdad, maldad, deseo desordenado y estupidez. Sus cinco elementos son humo, fuego, viento, agua (o barro) y tinieblas. Sus demonios son incontables. El soberano de todo esto y parte de ello es el “Príncipe de las Tinieblas”.

2. Tres tiempos:

a) El tiempo inicial, del pasado, en el que la luz y las tinieblas estaban completamente separadas.

b) El tiempo medio, que es el presente, en el que las tinieblas atacaron a la luz y parte de la luz se ha mezclado con las tinieblas.


c) El tiempo final, en el futuro, cuando la luz y las tinieblas se separen definitivamente.

Todo esto nos hace ver que, en el maniqueísmo, los demonios no son seres caídos ni creados por un Dios-Absoluto, sino entidades ontológicamente opuestas a los seres de la luz, inmutables en sus propósitos y en su esencia, y sin embargo no-eternos; ya que, si bien el “Padre de la grandeza” (Dios de la luz) sí es eterno y coexistente con la luz que le es inmanente y consustancial, el “Príncipe de las Tinieblas” es un derivado causal de las tinieblas (las cuales sí son eternas), y los demonios que le siguen son derivados causales secundarios que, al igual que su líder, intentan conducir al hombre por un sendero que le lleve a identificarse con la materia-oscuridad y, en consecuencia, a perder la luz que tiene aprisionada en su cuerpo y que puede amplificar y liberar si sigue una senda espiritual, siendo posible la reencarnación si en una sola vida no se alcanza la liberación espiritual, cuya vía ha sido ilustrada de formas variadas por humanos superiores enviados por la Inteligencia Salvadora, tales como Jesús, Buda, Zaratustra, Enoc, Mani, Moisés, Pablo de Tarso, Abraham y otros más.

Satanismo de Lavey 


Para el satanismo laveyano (el que sigue los líneamientos de Anton Tzandor LaVey), Satanás y los demonios no son seres reales sino entidades simbólicas que representan a “los poderes de la oscuridad”, poderes que, dentro de lo que es la esencia del hombre, se concretan en ciertos aspectos de la naturaleza humana que la religión, en opinión de estos satanistas, ha conducido a reprimir, negar o combatir, causando así que, durante siglos, los individuos manipulados no hayan podido disfrutar de la vida y de las potencialidades inherentes a su propia naturaleza. De este modo, el culto a Satán y a sus demonios es una manera viva de adorar a los valores liberadores y anti-cristianos que éstos representan; aunque también, y es debido a esto que LaVey cree en la magia y en el poder de los ritos, es una forma de contactar con “los poderes de la oscuridad” entendidos como algo que también está fuera de nosotros —y dentro, no solo como aspectos de la naturaleza humana, sino como un poder que debe ser despertado— y que es un aspecto de la Naturaleza que aún permanece bajo el velo de lo misterioso e inexplicable, algo que ha sido temido durante toda la historia, pero a lo cual puede acceder el satanista, a través de esos símbolos-puentes que son los demonios y, esencialmente, “Satán”.

Citemos ahora a la Biblia Satánica de LaVey para que se entienda mejor lo dicho: ‹‹La mayorÌa de Satanistas no aceptan a Satán como un ser antropomorfo con pezuñas hendidas, cuernos y cola terminada en punta. Simplemente representa una fuerza de la naturaleza: los poderes de  la oscuridad, que se les llama así porque ninguna religión ha sacado esos poderes de la oscuridad. Ni la ciencia ha sido capaz de dar un término técnico a esta fuerza. Es una reserva sin explotar, que muy pocas personas pueden utilizar, ya que carecen de la capacidad para utilizar una herramienta sin analizar e identificar previamente todos los mecanismos que la hacen funcionar. Es esta necesidad constante de analizar, lo que impide que la mayorÌa de la gente logre beneficiarse de esa polifacética llave a lo desconocido, a la cual el satanista prefiere llamar “Satán”.››

Visión de Michael W. Ford



Michael W. Ford, uno de los principales expositores del luciferianismo contemporáneo, tiene una concepción de los demonios muy parecida a la de Anton LaVey, aunque con cierto toque jungiano (de Carl Gustav Jung) y un enfoque práctico que hace pensar en la Magia del Caos por la cuestión de las entidades creadas como algo capaz de engendrar o ayudar a engendrar hechos concretos en el “mundo real”.


Así, su teoría de la magia ritual postula que los “dioses”, “espíritus” y “demonios” son creaciones arquetípicas de la Humanidad, que subsisten como “seres” mediante tipos de energía que son alimentados por nuestro subconsciente. En este marco, el luciferino encuentra que, los distintos seres míticos y religiosos que personifican lo demoníaco, funcionan como “máscaras deificas” de poderes y fenómenos que existen en la Naturaleza y en la mente, y que se pueden activar y emplear a través de una serie de prácticas cuyo principio rector es lograr que el practicante se identifique (en una forma que implica una cierta autodeificación) con ellos a través de los seres simbólicos que los representan. Por ello, hablando del arquetipo del Adversario, Michael W. Ford dijo lo siguiente en una entrevista: ‹‹El Adversario es una manifestación transcultural que a lo largo de toda la historia de la Humanidad representa el arquetipo oscuro o motivador dentro de cada hombre y mujer. El Adversario no es específicamente Lucifer. Lucifer es un título, un título romano que significa “portador de la antorcha” y es relacionado a un dios, pero aquello no abarca realmente el Sendero Luciferino. Tienes a Ahrimán, a Set…›

Visión del espiritismo


En el Espiritismo se cree en la reencarnación, pero esta es de naturaleza evolutiva, de forma que el hombre no se reencarnará en animales, pero los animales sí pueden, tras inmensos períodos de tiempo, convertirse en almas humanas. Naturalmente hay pequeños saltos involutivos (almas humanas que se degradan de una vida a otra), pero el Espiritismo afirma que, en última instancia, las almas siempre progresan de un orden a otro; por lo cual, en este marco, los ángeles son espíritus sumamente evolucionados que anteriormente fueron humanos, y a su vez nosotros, que ahora somos humanos, llegaremos a ser ángeles algún día… Pero entonces: ¿dónde quedan los demonios?, ¿fueron acaso ángeles que se corrompieron y perdieron de golpe toda la evolución ganada aunque no el poder conseguido en esa evolución? Definitivamente no.

Concretando, Allan Kardec dice que los demonios en realidad no existen como tales: no hay ángeles caídos, simplemente hay espíritus malvados o muy involucionados, que molestan a la gente, roban energía a los vivos, y en algunos casos (espíritus de magos negros, por ejemplo) tienen suficiente poder como para producir alarmantes fenómenos paranormales. Por ello, en su obra El Cielo y El Infierno, Allan Kardec dice lo siguiente sobre los espíritus: ‹‹Llegados al apogeo, son espíritus puros o ángeles (…). 

Resulta de esto que existen espíritus de todos los grados de adelanto moral e intelectual, según estén en lo alto, en lo bajo o en medio de la escala (…).En los puestos inferiores, los hay que están aún profundamente inclinados al mal, y que se complacen en él. Se pueden llamar “demonios” si se quiere, porque son capaces de todas las maldades atribuidas a estos últimos. Si el Espiritismo no les conoce por este nombre, es porque indica la idea de seres distintos de la Humanidad, de una naturaleza esencialmente mala, dedicados al mal eternamente o incapaces de progresar en el bien. Según la doctrina de la iglesia, los demonios han sido creados buenos y han venido a ser malos por su desobediencia. Son ángeles caídos, fueron colocados por Dios en lo alto de la escala, y han descendido. Según el Espiritismo, son espíritus imperfectos, pero que se mejorarán. Están todavía en el primer peldaño, pero ascenderán.››

Ahora os dejaremos con este interesante documental de Discovery Channel donde cuentan que son los demonios y si estos en realidad existen o no:



Para finalizar, too lo que hemos dicho anteriormente, demuestra que el hombre es capaz de crear tales figuras, por la simple razón de querer expulsar una parte de sí mismos y lo creen con tanta fe, que llega a ser muy real. 

El hombre ha convertido en una realidad objetiva lo que ha sido, originariamente, una proyección de su propia Sombra arquetípica (…). El espíritu del Mal, esencializado y personificado, se convierte en una entidad metafísica anterior a las luchas internas del hombre, que es realmente quien la ha creado.››

Información sacada de: demonologia.net, youtube, wikipedia.

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