Historias Para NO Dormir: el espejo


Hoy en día pasamos por infinidades de espejos. Es más, dudo que no tengas tú mismo uno en casa, a tu lado, en el baño hasta en tu habitación ¿por qué no? Pero lejos de las supersticiones más habituales, hay cosas de los espejos que nos ponen los pelos de punta.

Parecen que son entradas al pasado. Lugares donde puedes perderte y sentir sensaciones pasadas...de personas que se han mirado alguna vez en ese espejo. 

Pero, te has parado a pensar una cosa. 

¿Y si los espejos tuvieran algo más que una lámina muy bien colocado de aluminio para que esto ayude a su reflexión? ¿Y si, escondieran en su interior historias? 

Hoy, queremos empezar con estas Historias Para No Dormir, contándote una experiencia que vivimos uno de nosotros. Una por la cual cambiaría toda su vida, ya que después de ella -o más bien años después- nacería esta comunidad del misterio. 

¿Te dan miedo los espejos? Pues atenúa tus luces, cierra la puerta de tu habitación y sumérgete en esta historia basada en hechos reales...

Pasa...ponte cómodo...y escucha atentamente...

· El espejo ·



Todo transcurría como cualquier tarde de verano. Ese día me desperté sin saber siquiera lo que aquella misma noche iba a poder presenciar con mis propios ojos. 

La verdad es que fue una tarde de lo más veraniega. Por aquel entonces yo tenía unos 15 años, si mal no recuerdo. Me pasé toda la tarde fuera jugando con mis amigos, lo normal en un día soleado de verano, para que te voy a engañar. 

A mitad de esa trade, veo como el coche de mi padre llega a nuestro garaje y apaga el motor. ámbos; mi padre y mi madre, se bajan de él. Mi madre, me sonríe con una sonrisa cálida y me da dos besos. Mi padre me pide que le ayude a sacar unas cosas del maletero y yo hago caso. 

Recuerdo aquello como si lo estuviera viendo ahora mismo. 


Había algunas cajas, no muy grandes. Cogí una y la lleve hasta la entrada. Así lo hice caja por caja hasta dar con una manta. 

Aquella manta blanca no se por qué me llamó la atención antes si quiera de saber lo que había tapado justo debajo. 

me quedé mirando unos segundos hasta que mi padre me dijo, que no me preocupara por eso, que él mismo lo llevaba ya que era algo pesado y grande. 

Y dejé lo que sea que hubiese debajo y me dirigí a casa junto con las cajas. Bajé las escaleras para poder ayudar a mi padre pese a que me había dicho que no, pero yo insistí. Cuando llegué a las escaleras ya mi padre estaba justo arriba. 

Le preguntó a mi madre donde quería ponerlo y ella con un gesto le señaló dónde había de ponerlo. Con un paso algo cauteloso, lo colocó en el lugar que mi madre le había dicho. 

Como era de esperar, a mi me dijeron que no lo tocase, que se me podía caer encima. Normal, por aquel entonces era algo patoso. 

Aquella manta no dejaba de llamarme la atención. Cada vez que pasaba por enfrente del baño, donde mi padre lo había colocado, me quedaba mirándolo. 

Y no sé como explicartelo pero era como si aquella cosa me estuviera llamando, diciéndome que destapara aquella sábana blanca que lo cubría. 

En un momento de despiste, me acerqué a él. Noté una especie de energía completamente extraña, nunca antes había sentido algo igual. Cuando me puse enfrente de él, parecía enorme, potente y tenía un halo de misterio que me hipnotizaba. 

Me asomé. No había nadie por los alrededores. Estaba dispuesto a ver que había debajo de aquella manta. 

Coloqué mis dos manos casi encima, podía sentir como esa energía rara casi, me tocaba las palmas de mis manos. 

Antes de poder hacerlo, mi madre me sorprendió, me dejó sin aire. Luego del susto, no quise saber más nada de aquella cosa. Con el tiempo -era normal- descubrí que se trataba de un espejo. 


Uno algo antiguo. Tenía una especie de marco tallado de madera muy oscura. Era robusto y pesado. Mi hermana, le encantaba verse en ese espejo. A mi por otro lado siempre me había parecido que ese espejo tenía algo que no me gustaba...algo que me daba mala espina. 

Siguieron pasando los días. 

Uno de ellos, llegue del instituto ciertamente con bastante hambre. Eran las dos y media de la tarde. Aquel día había llegado temprano de clase y me tocaba a mi prepararme el almuerzo. 

Siempre que iba a la cocina, me encontraba con el espejo. Cada vez que pasabas delante de él, sentías como si tu propio reflejo te mirase. Te observase desde la distancia. Luego de haber terminado de comer, ya saciado de nuevo pasé por delante de aquel espejo. 

Aunque esta vez, vi algo que me obligó a detenerme. Con el plato del almuerzo aun en las manos, me paré en seco. Volví sobre mis pasos y me quedé delante de aquel espejo. Algunos segundos no mucho tiempo. Volví a andar. 

De nuevo algo me decía que mirase al espejo. De nuevo volví a repetir la acción. 

Finalmente cuando terminé de lavar los platos, pasé por enfrente del espejo. Por el rabillo del ojo, pude ver, como aquel reflejo que se debía de mover cuando yo pasara, no se movió para nada. Algo absortó, volví de nuevo sobre mis pisadas y allí me vi, asomado a aquel espejo. Aunque tenía la sensación de que aquel no era yo...

Justo en ese momento, suena el teléfono de casa. Di un pequeño brinco y corrí a coger la llamada. Cuando me estaba alejando, sentía que el que estaba dentro del espejo no era yo, que era otra persona. 

Mi primo y yo quedamos esa noche para que él se quedase en casa y así ver un maratón de películas de terror que ya teníamos listas en el salón. 

Esa noche todo fue de maravilla. Nos reímos, salimos a dar una vuelta y como no nos pusimos a ver una película de terror. Ya entrada la noche, para mí, mi casa se había vuelto algo extraña. Sentía una sensación de inquietud en mi interior, pero no le hice caso alguno y seguí hablando con mi primo. 

Aquella sensación era como si me llamase. Y venía al parecer de la cocina. 

Llegados un momento, tuve que pausar la película e ir al baño. Cuando me levanté pude ver a mi primo allí acostado en el sofá casi quedándose dormido. Sabía que cuando llegase del baño íbamos directos a la cama. 

Como siempre, pasé todo a oscuras, cruzando un pasillo enorme que te llevaba directamente a la cocina al final, a mano izquierda veías el baño.

Antes de entrar, una sensación invadió mi cuerpo. Parecía como si alguien estuviera observando mis movimientos. Me detuve. Miré hacia detrás. Nada.

La sensación seguía allí. Entré deprisa al baño y tantee buscando el interruptor. No di con él. Sentía como si algo o alguien estuviera tras de mí, a punto de tocarme. Llegué incluso a sentir el calor de una mano encima de mi hombro. Hasta que por fin, di con el dichoso interruptor. Todo se iluminó. 

Entrecerré los ojos por la intensa luz y fui al baño. 

Al acabar como siempre me lavé las mano. En el lavabo teníamos un estante donde guardábamos las cosas cosas. Éste tenía tres espejos a modo de pequeñas puertas. Éstas reflejaban al otro espejo de cuerpo entero que había justo en la esquina del baño y este a su vez reflejaba la parte de fuera. La cocina. 

Lavándome las manos miré al espejo del lavabo y tras él vi que en el espejo de cuerpo entero algo se movía. Parpadee varias veces para ver si era yo. No aquello se seguía moviendo. 

Cerré el grifo. Todo estaba en un silencio que yo antes jamás había presenciado. Se podía cortar el silencio de la estancia con un cuchillo. Al ver bien, de pronto vio como un niño pasaba de cuclillas por enfrente del espejo. 

Me quedé paralizado. De nuevo, vi como el niño cruzaba el espejo de lado a lado. Esta vez estaba de pie mirándome. Pude sentir su mirada en mis ojos. No me podía mover. No podía hacer nada. 

Yo y aquel niño.


No lo veía nítido, si no como una especie de sombra. Tampoco veía sus ojos, pero sabía que me estaba mirando. De pronto vi como aquella sombra se acercaba cada vez más. Y más. Y más... 

Di una zancada, estiré el brazo y tantee al interruptor que estaba fuera, en la cocina. Pude ver como ese niño se acercaba. Giré la cabeza hacia detrás para ver si seguía allí y esta vez lo vi sentado de cuclillas observando lo que estaba haciendo. 

De pronto la luz volvió a invadir la estancia...

Pensando que era mi primo exclamé: ¡¡Alex te pillé!!

Nadie respondió. Corriendo, encendí las luces del pasillo y me aventuré hasta donde estaba mi primo durmiendo plácidamente...Lo zarandee. éste asustado abrió los ojos. 

- Alex, te tengo que contar una cosa que acabo de ver... -le dijo casi temblando...-desde entonces cada vez que veo eses espejo, vuelvo a ver a ese niño. Aun sigo con el espejo. 

Está en la habitación de mi hermana. Y aun hoy más que nunca, siento esa energía que sale de él. Llamándome de nuevo a que por un segundo, me asome para volver a ver mi reflejo en él...


¿Tienes un espejo en casa? 
¿Te ha dado miedo alguna vez? 


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