Historias aterradoras sobre la ouija

Sabemos que son tiempos de fiestas, tiempos de estar con la familia y de abrir regalos, este año queríamos hacer algo diferente antes de irnos de vacaciones hasta el 5 de Enero. Les vamos a contar 3 aterradoras historias sobre uno de los juegos que ya hemos advertido aquí de jugar muchas veces, LA OUIJA. 

Tres historias para leer en familia, antes de la noche de Navidad, ¿te atreves a jugar?

J-A-K-E


Cindy, una chica de 13 años, decidió probar usar la tabla de ouija con sus hermanas, buscando un poco de emoción. Jugaron de noche y en secreto, ya que sus padres eran muy muy religiosos y sabían que no lo aprobarían. Tras jugar con sus hermanas, algo le sucedió a Cindy: no podía dejar de pensar en usar la ouija e hizo una lista de preguntas que hacerle.

Cindy aprovechó una hora que estaba sola en casa, mientras sus hermanas aún permanecían en el instituto y contactó con los espíritus nuevamente. Intentó comunicarse, pero, al principio, parecía no haber nadie. Tras un rato, la plancha empezó a moverse y deletreó: “H-O-L-A”. Cindy, muy nerviosa, respondió: “Hola, ¿quién eres?”. El espíritu respondió: “Jake“. Cindy se quedó sin respiración, Jake era un compañero de su clase que murió cuando tenía 9 años. Cindy le preguntó si era realmente su Jake y el espíritu le respondió que, efectivamente, era él.



Nunca acuses de cobarde a un espíritu


Unos amigos decidieron jugar a la ouija, a pesar de que la dueña de la casa donde se encontraban y del tablero estaba en contra. Empezaron a jugar y preguntaron: “¿Hay alguien ahí?”. Nadie respondió. Uno de los chicos, molesto, escribió en el tablero: “Si estás ahí  y no estás respondiendo es que eres un cobarde“. Luego dejaron de jugar porque nadie contestaba. Sin embargo, el juego no había terminado para aquel chico que llamó cobarde a quien estuviera al otro lado.

Varios días más tarde, el chico se despertó inquieto, en medio de la noche. Intentó volver a dormir, pero no pudo. De pronto, oyó como de la planta de abajo llegaba una voz que decía: “Coge al chico”. Era una voz susurrante y rota, como si le costase hablar. El chico dio por sentado que se lo había imaginado y volvió a acostarse. De pronto “¡COGE AL CHICO!”, sonó mucho más fuerte y cerca. El chico se levantó de un salto, asustado. Entonces la puerta de la entrada sonó. No había nadie abajo, ni tenían vecinos. Fuera lo que fuera había entrado en casa, despertado al chico y se había marchado.



"Te veo a través de la ventana”


Un chico de 12-13 años estaba pasando la noche en casa de un amigo. Su amigo y su hermana decidieron jugar a la ouija y así lo hicieron. Empezaron a mover la plancha, deletreando palabras sin sentido, por diversión. De pronto, se deletreó: “Puedo veros a través de la ventana” y luego, “Puedo ver a través de sus ojos”.

Sólo había una ventana en la habitación, una muy pequeña. Miraron a través de ella y no vieron nada, así que decidieron preguntar un poco más. “Estoy bajo el coche“, respondió el tablero. Miraron de nuevo por la ventana y vieron que debajo de un coche había un gato negro que bufaba y les miraba. Los chicos salieron de la casa corriendo. Justo entonces hubo un fallo eléctrico y todas las luces se apagaron. Nunca volvieron a jugar a la ouija.




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